De lo malo, algo bueno


Posted in Cuentos y relatos on Noviembre 4th, 2009 by sexyblue

De mi mente no se borra aquel día en el hospital. Una caída hizo asustar a toda la familia, mi madre estaba hospitalizada con los huesos de su cadera hechos pedazos y todos nos encontrábamos allí, afuera de terapia intensiva esperando que aparezca el largirucho del doctor diciéndonos que la operación había sido un éxito. Eso esperábamos.

Tú, estabas merodeando por ahí, esperando noticias de tu amigo enfermo. Estabas ahí, de pie, pensando en tantas cosas, cumpliendo como amigo, esperando que el intento de suicidio no haya pasado a mayores.

No sé cómo te acercaste, creo que habías detallado a cabalidad las opciones para llegar a mi… el tinto fue la más fácil y certera de las razones.

Era mi madre, era tu amigo… éramos los dos. Éramos los dos. Nuestras mentes en otro lado, pero las sensaciones que cada uno tenía por la presencia del otro hizo estallar esa primera conversación.

Ese mechón de cabello que cubre tu frente oculta tus ojos castaños misteriosos. Castaños? Verdes? Qué se yo! Lo que me atraía era la mirada, esa mirada tuya que con el tiempo aprendió a desnudarme frente a todos, aun cuando nunca tuvimos oportunidad de vernos íntimamente.

Me parece extraña la situación ahora que estás junto a mi. Hubo tantas palabras, hubo tantos gestos, miradas, declaraciones obscenas al oído, pretensiones, proposiciones… el tiempo, el destino jugó en nuestra contra.

Eras un hombre vetado para mi, lo sabes. Pero causabas mucha excitación en mi, lo acepto.

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Mientras camina


Posted in Cuentos y relatos on Octubre 5th, 2009 by Alunada

Caminaba descalza por el parque. Le gustaba la sensación de la hierba recién cortada entre sus dedos. La tierra húmeda en sus pies. Era un cosquilleo muy agradable.

A las 10am, como todos los martes, él estaba bajo el mismo árbol, ensimismado en la lectura del periódico. A su lado, un vaso térmico con una bebida humeante y un sánduche.

Lo veía de lejos, lo disfrutaba. Observaba sus cejas tupidas, sus labios gruesos, su cabello desordenado.

Le gustaba, lo disfrutaba.

En su mente, habían tenido un sexo grandioso, ahí mismo, sobre la hierba, a la vista de todos. Ella le desabotonaba la camisa, él le deslizaba las bragas. La ponía en cuatro y la galopaba con locura.

Con cada embiste, ella gemía, pedía más.

Luego le ponía el pene en la boca y ella lo engullía con placer, se deleitaba con su salado sabor. Era grande y duro. Muy duro. La volvía loca.

Cerca de terminar, él la tumbaba, colocaba las piernas en sus hombros y la penetraba hasta el fondo. Ella gritaba de gloria.

Llegaba el orgasmo. Era delicioso, abrumador. Los dedos de sus pies se encogían de goce.

- Maldita sea, me volví a mojar… – susurró una voz en su cabeza.

Ahora tendrá que volver al trabajo, a secar con un pañuelo su húmeda imaginación.

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